domingo, 25 de septiembre de 2016

Lo que no te esperas

Que la vida es impredecible es algo que todos ya sabemos. Las sorpresas que bien recibimos de niños se vuelven molestas con la edad. Por eso planificamos, llenamos los calendarios de citas, conocemos a fondo a nuestros compañeros de viaje, y nos preocupamos en expresar claramente nuestras expectativas. Y todo va bien hasta que alguien decide comportarse de un modo no esperado.
He estado pensando en narrar una moraleja aprendida de una experiencia de este tipo que he vivido recientemente, durante el desarrollo de un viaje. He querido deducir algún tipo de patrón que reconocer en el futuro, en describir un aprendizaje astuto que pueda causar asombro. Pero la verdad es que no lo he encontrado. Quizá sea porque no soy capaz ni de explicar ni de entender lo que me ha pasado, que quedará como incógnita para el lector, y porque me niego a pensar que ciertas personas de mi entorno albergan intenciones oscuras.
Ya sabía cuando emprendí este viaje que algo así podría pasarme, aunque nunca llegué a imaginar las formas. Entre otras cosas porque mi ser no es capaz de actuar así. 
Y lo que sí sé ahora es que no permitiré que me vuelva a pasar. El grado de frustración, decepción, y hasta irrespetuosidad que he recibido han sido suficientes.
El viaje me ha servido para aprender muchísimas cosas de mí y de los demás, y sobre todo para corroborar que yo solita puedo hacer lo que me venga en gana.
Feliz Domingo.

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