miércoles, 6 de diciembre de 2017

Si todos fuéramos como tú, aún seguiríamos siendo esclavos

Esto fue lo que Mary Stevenson le dijo a Susan en la última reunión de vecinos. La crispación por la revuelta política estaba polarizando a la población. Los amigos ahora se definían como tales según qué bandera tenían en el balcón.
Susan, huérfana desde muy pequeña, madre soltera, a la que despidieron por querer montar un sindicato, que se come broncas en el curro para que los demás puedan trabajar en paz, a esa misma Susan, una de las que consideraba sus mejores amigas, le venía con estas. ¿Y por qué? Porque Susan pasa de comeduras de olla de los políticos de turno. A Susan le importa el bienestar social, la mujer por semana asesinada, la sanidad gratuita y de calidad para todos, la educación que enseñe a pensar y que apoye al que tiene cabeza pero la cartera vacía, la justicia justa que defiende al indefenso, … las emociones las deja para tratarlas dentro de casa, no fuera. Y las fronteras … se mueve si es para quitarlas, no para ponerlas. Pero esto, como no casa con las expectativas de Mary, pues resulta que no es legítimo y que nos aleja del estado supremo prometido por los revolucionarios. Parece ser que no harán falta sindicatos porque los supuestos comandantes serán sindicalistas. Tampoco harán falta hospitales ni sanidad gratuita para todos porque todos seremos ricos. Vendrán empresas de todo el mundo a invertir y el comercio interno será el más poderoso jamás visto en la historia.
Así que, ni corta ni perezosa,  “Si todos fuéramos como tú, aún seguiríamos siendo esclavos”, repetidas veces lo dijo. En una ocasión vino desde el otro extremo de la sala sólo para repetirlo. Y se quedó tan ancha. La amistad de años, los “me alegro mucho de haberte conocido” se quedaron en agua de borrajas cuando se puso de por medio la rebelión. Parece que todo lo anterior no existió, fue un espejismo o sencillamente mentira.

Susan se siente apenada por lo que Mary le ha dicho … pero también tiene muy claro que la vida es demasiado corta como para pasarla cerca de gente que la desprecia. Es mera economía emocional.

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