domingo, 22 de noviembre de 2020

Mi nueva normalidad

 Este es el cuarto fin de semana que no tengo ninguna actividad social. Los días de lunes a jueves ya ni los cuento. El confinamiento municipal de fin de semana que ha impuesto la comunidad en la que vivo ha ayudado, sin duda. De los 3 núcleos de amigos cercanos que tengo, 2 completos viven fuera de mi municipio y el otro está, desde hace unos meses, también en su mayoría fuera de él. Los sábados arreglo la casa y me dedico a mi estudio futuro. Los domingos salgo a caminar por los alrededores y me dedico un poco a mí. 

Miento, hoy he hecho una llamada por skype al mediodía mientras me tomaba unos cacahuetes. Vermut virtual lo hemos llamado. Y ha estado bien. Puede que el domingo que viene salga a correr con la profe de yoga y otra compañera. Aunque no denomino al núcleo del yoga como “amigos” o “social” está suponiendo un apoyo que no había previsto. Ha sido una grata sorpresa. Va a ser cierto eso de que las cosas buenas las encuentras donde menos te lo esperas. 

Contacto social casi nulo. Trabajo y casa. Deporte. Escuchar mi podcast de música. Mi vida se reduce (o amplía) a esto. Relaciones personales escasas. Nunca han sido boyantes. Y a cierta edad la mayoría de nosotros tiene una familia propia. Me refiero a la que una crea en torno a sí misma, no a los padres y hermanos. Hermana que ahora está cerca y tiene su círculo más amplio que el mío.

Me comparo con otros. De libro es algo que no lleva a ningún sitio. Bueno sí, lleva a una espiral autodestructiva que ya conozco y que sólo va hacia abajo. 

Los encuentros virtuales los hacemos ahora que no hay otro remedio. Una vez la gente puede salir y ver a los que tiene cerca, no hace sentido quedarse en casa para hablar con quien está lejos, aunque la afinidad para mí con algunas personas que están lejos sea mayor. Igual es esta una de las causas. Nunca me he ocupado en tener un gran apoyo social, de amigos. Han sido el trabajo y el sustento los que han dirigido mis movimientos de vida. Y no he sabido (hasta ahora) aprovecharlos para crear en torno a ellos el resto de cosas importantes en la vida. Y la suerte, o cupido o el dios de los amigos no me han ayudado mucho más. 

En cualquier caso, ¿cómo me siento con eso? La vida, al final, es tan buena o mala, tan feliz o plena como yo la quiera hacer sentir. Y eso sí que depende sola y exclusivamente de mí. Sé hacerla sentir bien. Sé y quiero hacerlo. La mente, y su incansable búsqueda e inconformismo, es la que me la juega a veces, como también sé ya. 

Así que bueno, esta es mi nueva normalidad. El sentimiento de no ser suficiente acechará siempre. Siempre que no lo sustituya por el sentimiento de estar haciendo lo que quiero y me place en cada momento. Como esta sobremesa en un banco de la plaza, al sol de noviembre, con mi vicio y el silencio de los árboles al que el viento mueve. Y el placer de escribir algo que me sirve a mí y que creo que a otros puede gustar. De nuevo, el alcance social que mis escritos tienen es muy limitado. ¿Y qué? ¿A quién le importa? ¿Me importa a mí? A estas alturas, sólo es relevante si quiero montar un negocio online que me ayude en mi sustento, en el momento en que lo necesite. 

Teatro. Lo tuyo es puro teatro. Falsedad bien ensayada. Estudiado simulacro. Este es otro ámbito a ampliar con una lengua que no es la mía. ¿Por qué no? Sólo si lo quiero y digo que no a las renuncias que suponen. Es otra opción. 

Y todo lo demás, absolutamente todo lo demás, sólo está en mi mente. Imponerme ser mi propia jefa, con el mismo rigor que exijo al resto. Eso será lo que me de plenitud en los momentos en que aparentemente no la sienta. 

¿Qué haces tú?

Feliz domingo.

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domingo, 20 de octubre de 2019

La furgo


-      ¿Vendes la furgo? ¿Por cuánto? Está muy chula
-      Bueno, como mínimo me gustaría 18.000, pero el precio es negociable. ¿Estás interesada?
-      Ay … sé que no debería ni mirarla, porque luego me pongo a hacer cuentas de cuánto creo que la voy a usar y cuánto me cuesta … y no tengo del todo claro que me compense. Pero si la veo … me voy a encaprichar.
-      De eso se trata. Al final seguro que la usas. ¿Por qué no vienes un finde y la pruebas?
-      Puff … ya me estás poniendo la miel en los labios …
-      Jejeje  … va, vamos un finde, te enseño los trucos para conducirla fácil.
(ella mira con incredulidad, ¿Qué está queriendo decir exactamente?)
-      (él ríe) ¿Por qué pones esa cara? No sería la primera vez que invito a alguien a pasar un par de días fuera en la furgo. Conozco sitios muy guapos a los que ir.
-      Ah, que te refieres a ir los dos juntos un finde, fuera, en la furgo.
-      Sí (él la mira fijamente a los ojos).
-      Ah (ella siente una mezcla de pudor, nerviosismo y reparo hacia la oferta).
-      ¿Qué pasa? – pregunta él, inseguro.
-      Ostia. Es que verás, ¿cómo es que me invitas? Es decir, lo normal sería que una tarde probara un rato la furgo y ya está. Me parece muy de agradecer, pero, ¿a qué viene invitarme a todo un finde?
-      Bueno Mayte es que me apetecería conocerte un poco más y cuando me has dicho que estarías interesada en la furgo, me lo has puesto a webo.
Ella se echa la mano a la frente y amaga la cabeza. Él mira callado. Aprieta un poco los labios. Tras unos segundos de silencio ella lo mira tapándose la boca. Respira profundo.
-      Es que … - dice ella rascándose la ceja – a ver, cómo te lo digo. ¿Vamos fuera un momento? Que me de el aire un poco y no haya mucha gente.
-      Vale
-      David tío, - seguía con la mano tapándole parte de la cara. Ahora se tocaba la nariz arriba y abajo con los dedos – mira, siendo ultra-honesta, me encantaría a mí también conocerte más, de hecho no me esperaba que me dijeras eso. Pero …
-      ¿Qué? Si tú también quieres pasar un finde conmigo, ¿Qué problema hay?
-      Pues … es que creo que nos podría perjudicar … trabajamos en el mismo sitio, pasamos mucho tiempo en la misma oficina … y mezclar el deber con el placer nunca me ha salido bien.
-      Mayte, a mí también me da miedo. ¿Crees que ha sido fácil para mí proponértelo, teniendo en cuenta lo cotillas que son todos en la oficina? Pero creo que compensa. La vida es demasiado corta como para dejar de hacer lo que te pide el corazón sólo porque tienes un poco de miedo, o porque antes de empezar ya ves alguna piedra en el camino.
-      Joder David, qué profundo … veo que llevas un tiempo dándole vueltas al tema. Y ahora qué hago yo …
-      Pues venirte el finde, sin ninguna pretensión, ni prejuicio, ni compromiso. A los dos nos gusta la naturaleza, ¿no? Pues vamos por ahí, nos damos una caminata, charlamos, … y que pase lo que tenga que pasar. Lo que sea estará bien. ¿Nos vamos?
-      A esa oferta no hay razón alguna para decir que no. Nos vamos.

Feliz Domingo

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domingo, 28 de octubre de 2018

Me pillas en ese momento de la vida en que le vas a vacilar a ...


Pues eso. Resulta que la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado, y no tengo tiempo pa tontás. Hay situaciones que he vivido en el pasado y que me hicieron daño. No les puse filtro y  me calaron hondo. Al menos esta vez no me pasará lo mismo. Puede que dentro de un año, o dos o veinte sí, pero no hoy. Más que nunca acuño eso de más vale solo que mal acompañado. Y, aunque soy consciente de lo incompleto que es vivir solo, también soy consciente de que he de aprender a protegerme, y el primer estadio es hacerlo de la forma más simple. Será peligroso e incompleto si no continúo con el kaizen de avanzar en la gestión de las emociones. Ése puede ser el problema. Por el momento, sin embargo, buena estoy donde estoy. Y a los demás que no quieran mover el culo para venir a donde estoy yo, o no me inviten a sus vidas, ¿sabéis qué? Que me pilláis en ese momento de mi vida en que le vais a vacilar a … Quien os deje.
Feliz domingo comienzo de invierno.

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domingo, 18 de febrero de 2018

El bebé que habla


El bebé, recién salido del cuerpo de su madre, dijo en voz alta: “Eso que llamáis nacer, no es más, que empezar a morir”. La matrona que lo sujetaba por los tobillos lo soltó del susto y se llevó las manos a la boca para tapar su sorpresa.
-          Espero que sea usted más cuidadosa cuando le quite la vía a mi madre – dijo el bebé, mientras se sacudía los restos de placenta de la cabeza y se ponía de pie. – Anda, pásame las tijeras y la pinza esa cutre de plástico para el cordón umbilical.
-          Cariño, ¿qué pasa? – preguntó la madre, que desde la cama no alcanzaba a ver lo que pasaba en el suelo.  -¿Quién ha dicho eso?
-          Vaya, así que me ha tocado una madre sin instinto. ¿Es que no reconoces la oz de tu hija? ¿o es que no esperabas que fuera yo la que comenzara nuestra primera conversación?
Imitando los movimientos de un lémur, el bebé subió por las patas del monitor al que su madre estaba conectada. Llegó arriba y se sentó con las piernas colgando.
-          Sí señora, aquí estoy, ya soy tuya. Es lo que querías, ¿no? 9 meses sin dolores de regla, ha debido de ser un gustazo, y además este pobre que puso el esperma ha hecho de tu mayordomo todo este tiempo. No te podrás quejar – dijo, subiendo una ceja y cruzándose de piernas.
La comadrona cayó de rodillas al suelo y rompió a llorar. Los dos enfermeros que habían ayudado al parto, así como el anestesista que también había vigilado el proceso, salieron corriendo del paritorio, dejando volar tras de sí las mascarillas y los gorros verdes desechables.
-          Amor, ¿en las clases de preparto mencionaron algo sobre bebés que hablan? Igual a mí me pillaron mirando el móvil y no me enteré – preguntó el padre a la madre -. Ya sabes que yo asistía sólo para aprovecharme de los permisos que me daban en el trabajo.
-          Cielo, - a la madre se le aceleró la respiración, cosa que no le pasó durante el parto, ya que la epidural eliminó los síntomas físicos naturales de la parturienta. – Cariño, creo que estoy teniendo alucinaciones. Igual al de la anestesia se le ha ido la mano.
-          Je je je, eso te gustaría a ti maja. No estás alucinando. Soy tu bebita, a la que acabas de dar a luz, y sí, soy yo quien te habla. ¿No decías que querías enseñarme todo de la vida, influir en un lienzo en blanco para dejar tu huella? Pues, paradojas de la vida, yo he tomado también mi decisión. Igual no estaba en tus planes que tu bebé se comportara como un adulto ya en sus primeros momentos de vida, pero tampoco entraba en mis planes nacer, y aquí estoy.
-          Ay señor de mi vida, ¿dónde está la cámara oculta? ¿Quién nos ha dado el cambiazo? ¡¿Qué clase de muñeco infernal eres?! ¡Por dios bendito!
-          Verán ustedes, - contestó el bebé, que de un saltó subió a la cama entre las piernas de la madre-. Lamento tener que ser yo misma quien les desvele esta verdad sobre la vida, pero 40 semanas de gestación han acabado con mi paciencia. – Miró al padre y dijo – Tener un hijo, una hija en este caso, no es gratis ni la mayor satisfacción de vuestra vida. Tener un hijo, una hija en este caso, no sirve para recibir una dosis diaria de cariño, ni para sentirse realizado, o realizada – puntualizó, dirigiendo su mirada hacia su madre.
>> Tener una hija significa arrancar un alma de la inexistencia para tenerla en casa durante al menos los 18 años que marca la ley. Si os separáis podéis repartiros ese tiempo, truco que muchas parejas usan hoy en día. Y obligar a alguien a vivir, a alguien consciente de su propia existencia es una decisión cargada de consecuencias. Y no sólo para los padres, como se suele pensar. – El bebé subió caminando por la cama hasta acercarse a la almohada, donde se sentó.  – Resulta que este tema vuestro de querer ser padres también me afecta a mí. Y a mí, nadie me ha preguntado.
-          Virgen de la macarena, ¡que venga un médico! ¡ Socorro! ¡Que venga alguien por favor! – exclamó la madre que arañaba las sábanas al intentar levantarse, pero la epidural mantenía sus piernas dormidas.
-          ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Que alguien se lleve a este demonio! – gritó el padre, que se escondía aterrorizado detrás de la cama.
-          Ay ….. no…. no soy ningún demonio, ni nadie me va a sacar de aquí. Ahora sois vosotros, mis padres, lo que acarrearéis conmigo allá donde yo os pida que me llevéis, cuando yo quiera y como se me antoje. Querida madre, si te ha parecido normal que esos 3 que han salido huyendo tuvieran que empujar tu barriga para que yo saliera, en lugar de hacerlo tú como madre voluntaria que eres, también deberá parecerte normal que yo te de órdenes, ¿no? ¿No pretenderás que yo esté aquí también ara satisfacer tus deseos? Para eso haberos comprado un perro, o más barato aún, haberlo adoptado de la perrera. Querido papi, más te vale ir lavándome que si la placenta se seca se arranca muy mal de la delicada y suave piel de un bebé como yo. A ver si mientras se le pasa el atontamiento a este inútil que tienes por novia. Y espero que la ropa que me hayáis traído para el primer día de mi vida vaya a juego con mis ojos, porque si son, esta noche va a dormir Rita la cantaora. Lo que sois vosotros, no vais a pegar ojo.

Sugerencias: la secuencia de reacciones está separada en el tiempo. Aclarar desde el principio de los discursos que es el bebé quien habla, para darle aire y facilitar la comprensión.  Frases más cortas.

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lunes, 23 de enero de 2017

Mr Col y el Sr Catcall

¿Nunca te ha pasado que una asignatura te gusta o la detestas dependiendo de qué profesor la explique? Esto exactamente experimentó Susan en sus año de prácticas de la universidad. La teoría de los años anteriores había pasado sin pena ni gloria. Eran sólo palabras concatenadas en cierto orden para responder a preguntas concretas. Nada más allá de memorizar. Pero a la hora de vivir en propias carnes las consecuencias de esa teoría … la filosofía detrás de los axiomas teóricos se volvía trascendental … dependiendo de con quién se viviera. Cada profesor vendía su enfoque a sus asignaturas de una forma humanamente personal. No había dos iguales. Y realmente daba igual de qué asignatura se tratara, con el profesor Col todo parecía maravilloso. La forma en la que hacía las cosas las hacía parecer fáciles, incluso divertidas … La vida era un juego de niños usado por adultos. Esto fascinaba a Susan. Hasta el punto en que casi llegó a obsesionarse con Mr Col. Durante el último mes de clase, reajustó su horario para sólo ir a sus clases, descuidando incluso su tesis, basada en otro grupo de asignaturas, que dirigía el señor Catcall. Muy bueno también, atento, siempre estaba por sus alumnos, se desvivía por ellos. A veces incluso se implicaba demasiado … implicación que también demandaba.
Para cumplir con el programa de estudios, Susan terminó su tesis con el Sr Catcall. Entregó religiosamente en fechas y contenido y consiguió su merecido sobresaliente. Estaba preparada para saltar a la vida laboral. Aunque se le iban los ojos con Mr Col. Si tuviera dinero, hubiera continuado estudiando ad eternum con tal de verlo, escucharlo, hablar con él, debatir sobre las asignaturas …

Esta dicotomía entre lo correcto y lo que podría ser daba que pensar a Susan. A sus 23 años no tenía que decidir aún el resto de su vida, y se planteaba si las emociones despertadas por Mr Cal seguirían coleando en un futuro sin él … o si la corrección del Sr Catcall la llevaría a una vida profesional satisfactoria … total, ya decidiría cuando llegara la hora.

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lunes, 16 de enero de 2017

Borgen o House of Cards?

En los últimos años el panorama político español se ha vuelto muy interesante. Desde el ya histórico Mayo del 2011, mientras yo trataba de comenzar una nueva etapa en mi vida, las gentes acamparon en las principales plazas de las principales ciudades del país. Desde la caída del muro de Berlín cuando apenas era una niña, no recordaba que las personas que pueblan un país, realmente pudieran influenciar en la política. Y así aparecieron partidos políticos que no existían antes, otros cobraron más importancia y los de siempre … siguieron donde siempre.
Hará algo más de un año que una buena amiga me recomendó un par de series danesas. Cansada de las americanas de siempre, me dijo, había descubierto que los trabajos tanto televisivos como cinematográficos escandinavos aportan contenido a la vez que forma. Y así fue como descubrí Borgen. Engullí las 3 temporadas en poco tiempo. Es una de esas series que te atrapa y de la que te gustaría seguir viendo capítulos, aún sin importar cuál fuere el hilo argumental. ¿Y por qué? Porque en Borgen se demuestra cómo se puede hacer política siendo honesto con uno mismo y con los demás, sin necesidad de utilizar la manipulación. Tengamos en cuenta que estos políticos daneses, al menos en esta ficción, tienen verdadera motivación pública: hacer política para el pueblo, con el pueblo.
También me habían recomendado House or Cards. Dicen que el mismo Obama reconoció que esta serie representa con bastante fidelidad cómo es la vida en la casa blanca. Y con una adicción parecida, ya he visto la primera temporada y estoy un tanto picada con la segunda. Sin embargo, aquí la motivación de los protagonistas es … diferente. Frank, el protagonista que habla al espectador, hace carrera (per)siguiendo su interés personal. “A un paso de la presidencia y ni un solo voto emitido a mi favor. La democracia está sobrevalorada.”, dice él mismo en uno de los capítulos.
Y una vez conocidas ambas ficciones, no puedo evitar cuestionarme cuál de las dos me gusta más, de cuál puedo aprender más. Curiosamente, ambas formas de hacer política también las he vivido en mi vida laboral. Una, anteponiendo las personas, los valores y el bien común, y otra donde quien tiene poder lo utiliza con las capas que le quedan más altas, para ascender, dejando huérfanos a aquellos que el organigrama deja por debajo.
Dicho esto, no creo que tenga importancia cuál me gusta más, sino si quiero dedicar mi tiempo libre dedicado a series a trasladarme a un mundo de la gominola, en la calle de la piruleta, donde se puede ser poderoso a la vez que honesto, o si quiero utilizar este tiempo para ver en la ficción lo que desgraciadamente pueda ver en mi vida real. Y lo peor no es que la realidad sea así de triste. Lo peor es que la realidad siempre supera a la ficción.
Feliz semana.

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domingo, 18 de diciembre de 2016

Enfermedad

El mundo está enfermo. La sociedad está enferma. Durante el último mes he puesto foco en observar (intentos de) manipulaciones a mi alrededor, y no hay día que no encuentre varios. En el ámbito familiar, con las amistades, en el trabajo, con la pareja … (in)consciente o voluntariamente, el ser humano trata sin parar de que el otro cambie para que vaya por donde uno quiere. O de hacer parecer que sus sentimientos son producto directo de la conducta de otro. Así, cada uno se cree centro de todo hacia fuera, es decir, cada uno da por hecho que los demás han de comportarse como uno espera. Y rara vez cada uno se mira hacia dentro, para observarse, conocerse, y aceptarse. Parece como si todo lo tuvieran que hacer los demás. Desde luego que es más fácil vivir así, o pretenderlo.
Hace pocas semanas un conocido me dijo, “tú sólo puedes hacer lo que puedes hacer tú”. Y por muy de Perogrullo que parezca la frase, cada vez que la recuerdo, digo, leo o escribo, la encuentro más sabia.

Feliz domingo.

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lunes, 23 de mayo de 2016

Parón

A veces, paro el tiempo en mi vida. Si me lo puedo permitir, dejo de trabajar, me hospedo en un lugar diferente al de mi vivienda habitual. Reduzco mis actividades vitales al mínimo: apenas leo y escribo, descanso mucho, pienso sin objetivo que alcanzar, veo capítulos de series que casi me sé de memoria, para revivir lo que en su día me aportaron. Es entonces cuando me doy cuenta de que los días tienen 24 horas, y pueden ser muy largos. Durante estos días, vacío mi mente, aminoro mi ritmo de vida, y la miro desde otro punto de vista, desde el punto de vista de los que han tenido a bien hospedarme. Esta es la necesidad de estar serena, calmada, tranquila, necesidad de estar viva sin vivir. Estos días no corren en el calendario, son un paréntesis en el que no hay output, ni deliverable, ni nada en curso. Es un parón, con fecha de comienzo y de fin, así planteado desde antes de comenzar.
Hoy el parón ha llegado a su fin. Vuelta al tajo.

Feliz semana.

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domingo, 15 de mayo de 2016

Addición

Gabi se había hecho adicta al azúcar, y eso que no le gustaba en exceso.
Hacía algunos años, comenzó a tomarlo. Por aburrimiento, por dejadez, por tendencia que ella asumía como natural en el curso de la vida. Ni le gustaba ni le disgustaba …. sólo que no tenía otra cosa que añadir al líquido que ingería en el desayuno, y pensaba que todos lo hacían. Había algunas razones físicas por las cuales era realmente aconsejable tomar azúcar por la mañana: para despejarse, concentrarse y tener energía al ir al trabajo. Sin embargo, también hay miles de otras actividades que tienen el mismo efecto: hacer Tai Chi por la mañana, estiramientos, lavarse la cara con agua fría, un paseo al fresco matutino, … aunque Gabi ni los conocía, ni se los planteó. Se dejó llevar por la solución más fácil, rápida y barata en cuanto a esfuerzo para llenar esa pequeña parte de su vida.
10 años después, Gabi se da cuenta de que se ha equivocado. Que no puede pasar un día sin esa cucharada de azúcar matinal, y no porque se la eche al té, sino porque no puede dejar de pensar en ella. La adicción que está mellando a Gabi es la dependencia cerebral a ese azúcar que (supuestamente) le ayuda a levantarse cada mañana. El pensamiento “necesito tomar algo, de lo contrario no podré caminar” llegaba cada día un ratito. A veces se iba, otras no.
Esta es la adicción de Gabi: un consumo prácticamente diario, inevitable, asimilado como un hábito más, con el que ya ni siquiera siente un poquito de placer. Marcado tan a fuego en sus neuronas y tan fuera de su control, que no le queda más remedio que convivir con él, y esperar desesperanzadamente, que algún día sea la adicción quien la abandone a ella.

Feliz Domingo.

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domingo, 24 de enero de 2016

Recursividad

Todos los enlaces de la derecha están obsoletos: o llevan a ningún lugar o son blogs cuya última entrada se remonta años atrás.
Yo misma he publicado 3 veces en todo el 2015, y me sorprende que en 2014 escribiese, al menos, una entrada cada dos meses. Y es que las costumbres y las modas cambian. Hace unos 10 años los blogs eran lo más, no molabas si no tenías uno. Todo hijo de vecino hacía sus pinitos como escritor en la blogosfera y había lugar para todos. No me extrañaría que un adolescente actual, como yo misma cuando empecé esto, ponga cara de póker si alguien le pregunta si sabe lo que es un blog.
He plasmado aquí mi capacidad creativa sufrir altos y bajos, ser abstractamente abstracta y peligrosamente concreta. Me ha servido de vía de escape en momentos en que no encontraba otro camino por el que huir. Y sé que algunos de mis mejores amigos lo han leído, e incluso disfrutado, lo cual constituye una de las alegrías más grandes que me puedo llevar.
Esto no es una despedida. Ni la cuadragésima tercera promesa de retomar la costumbre semanal de escribir, porque todo el mundo sabe que no podré cumplirla. Tampoco voy a abrir otro blog acorde con la persona que soy hoy. Estoy segura de que en esencia soy la misma persona que eligió el nombre de este sitio en base a dos utensilios de escritura, aunque en formas haya cambiado mucho. Y también estoy segura de que quiero conservar este sitio, aunque es posible que la forma cambie algo.
Hoy he recordado el blog, he tenido ganas de escribir, y he pensado que el mejor sitio para hablar del blog es el propio blog. Esto parece una recursividad literaria de ínfima calidad, pero así el que pase por aquí se puede echar unas risas leyéndolo.
He de reconocer que echo de menos algunos hábitos … como el de desear un feliz domingo a través de la telaraña virtual de este planeta.

Feliz Domingo.

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martes, 7 de julio de 2015

45 min

Hoy he perdido 45 minutos. Los he pasado sentada en un sitio público, climatizado, en un sillón bastante cómodo. Delante de una mesa, sin tomar nada. He estado mirando el cristal de la ventana, los árboles y las nubes a través de él. Cómo unos entraban, cómo otros salían. Yo sola, respirando y dejando que los pensamientos pasaran por mi mente sin que ninguno se quedara. Sin leer, sin mirar el móvil, sin escribir, sin buscar ni encontrar nada … 45 minutos sentada sin hacer absolutamente nada. Sólo estando, perdiendo el tiempo. ¿O quizá ganándolo?

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viernes, 27 de febrero de 2015

Cuando el profe se equivoca.

¿Os ha pasado alguna vez que un profe, que se supone sabe más que tú, ha cometido un error garrafal que te ha salpicado? Igual yo soy muy exigente, pero yo espero que un profe, profesional, tenga en cuenta más cosas que yo a la hora de aplicar una decisión y, por lo tanto, esa decisión sea más acertada que la que yo hubiese tomado. 
Pues me ha pasado que un profe de máster que tengo ahora, me ha aconsejado que haga algo con un cliente que me ha perjudicado bastante, y ahora tengo yo, con mis gónadas, que reparar el mal hecho. 
Lo que más me revienta es que este tema ya lo habíamos tratado varias veces. Se trata de un ejercicio de acercamiento hacia el cliente. Yo, en varias ocasiones, ya he manifestado que no me siento cómoda con ese ejercicio. Conozco otras formas de efectuar el acercamiento al cliente y que éste sea efectivo. Claro está que utilizar esta técnica de acercamiento, llamémosla "pedir", haría que mi abanico de posibilidades fuese mucho más amplio. Pero tampoco es necesario forzar. Ya sabe mi profe que yo interpreto que he de forzar en el ejercicio de "pedir", porque no es algo que me salga natural, de ahí que me sienta incómoda. Bien sabe mi profe que ya llevo recorrido en el máster, que no soy una novata, que me sé autocontrolar y que me calibro bien en lo que puedo o no puedo hacer, en lo que me hace bien y en lo que no. Considero que dicha profe tendría que haber anticipado todo esto, y o bien haberme advertido sobremanera, o bien haber calibrado antes de siquiera sugerir este ejercicio. Estoy muy muy muy enfadada con ella.
Por otro lado también sé que somos humanos, y no estoy segura de que ella se considere responsable de este error, al menos al 50%, de la misma forma que la profe también es responsable, al menos al 50%, de los éxitos que hemos conseguido. Por mi propio interés, quiero terminar este máster. Hay tareas en mi trabajo futuro que muy bien pueden beneficiarse de su conocimiento y experiencia, por eso no tengo claro si hacerle saber la morrocotuda ira que ahora mismo siento hacia la profe, no vaya a ser que como humana que es (me lo ha demostrado con este que yo considero error), esto influya en la forma en la que me trata. 
Sin más, espero que nunca ninguno de vosotros/as tenga que experimentar las consecuencias de los errores de otros. Lamentablemente la imperfección de este mundo lo impide. 
Que tengáis buen fin de semana.

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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ese lugar llamado inexistencia.

Estaba Gabi perdida en el limbo de la inexistencia, flotando en el vano éter que envuelve todo aquello que aún no existe. Esta masa flotante se encuentra mezclada con  el generador de tiempo y espacio, y como ahí no hay espacio, no es posible describir dónde se encuentran uno y otro.
En tal lugar, Gabi no podía ver a nadie, no tenía conciencia de si había alguien más en esa situación, si quiera de cuál era la situación. Tampoco era consciente de sí misma, ya que en el vacío de la inexistencia la percepción tampoco existe. De hecho este lugar donde la inexistencia reside, es un invento del escritor, un artilugio creado donde poder colocar a los seres en un momento del tiempo anterior al que aparecieron en este mundo.
Tras esta divagación sobre la existencia del lugar de la inexistencia, procedo a continuar con el relato.
Estaba Gabi perdida en el limbo de la inexistencia, flotando en el éter vano que envuelve todo aquello que aún no existe. Y una vez allí, en un momento inmencionable, porque el tiempo en este no-lugar no existe, algo o alguien decidió que Gabi cambiara su estado de inexistente a existente. Con lo que se colocaría como una semillita en la barriga de alguna voluntaria (o no) futura mamá. A partir de aquí el proceso de gestación y nacimiento seguro que el lector ya lo conoce.
La cosa es que nadie le preguntó a Gabi si quería abandonar para siempre su estado de inconsciencia e inexistencia, con todo lo que eso conlleva. Es como cuando a una persona le dan un puesto de trabajo que no quiere desempeñar. No lo hará bien, y además es muy probable que no ayude en nada a sus compañeros. Siempre hay más personas existentes a las que influye lo que uno hace. Esto, creo, no pasa así en la inexistencia, ya que no existe la influencia y nada sobre lo que influenciar. Gabi se sentía muy cómoda en la inexistencia porque así podría formular su no-vida como quisiera, sin que nadie más se viera afectado, porque no había nadie más a quien afectar.
De la misma forma, no hay nada que influya en la inexistencia de Gabi. No hay nada que otros inexistentes hagan que a ella le salpique, ya que las salpicaduras tampoco existen. Gabi también adoraba esto. ¡Tanta independencia y posibilidades a la vez! ¡Y sin coste alguno! Realmente, la inexistencia es el paraíso en el que Gabi se siente más plena. Más Gabi.
El mundo es todo lo contrario a esta inexistencia idílica. Aquí todo, todo, es una maraña inconexa sin objetivo que engalía a todo cristo para exprimirle su jugo y después dejarlos tirados en la más triste soledad de la muerte. Algo, o alguien, arranca los seres de la inexistencia para traerlos al mundo, en el que les espera un viaje temporal, más o menos placentero, con un final irremediable que puede, o no, tener sentido para la mente de los susodichos. Por qué y para qué son preguntas que la humanidad lleva contestándose desde que existen evidencias de la misma. Contestar por contestar a la ingente demanda de los seres de darles sentido a una cosa llamada vida que ninguno de ellos pidió.


Lamentablemente la inexistencia no existe en esto que conocemos como mundo. Hablar de la inexistencia no es sino hablar de una fantasía que Gabi no puede alcanzar. Ni tan siquiera rozar con la punta de los dedos.

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jueves, 29 de mayo de 2014

Mayo 2014

Que Mayo me brinde con dos días tan maravillosos como los de ayer y hoy, es un regalo por el que no puedo más que estar agradecida, infinitamente. Una noche de lluvia tranquilizadora, revitalizante y relajante como la de ayer, y un atardecer rosado, violáceo, con nubes y claros, resaltando el color de la montaña en sus diferentes fases como el que estoy disfrutando ahora, conforman los dos lados de este mes, visual y fiel representación de lo que la vida misma significa. Agua y luz. Oscuridad y claros. Nubes que descargan y que aguantan. El color de mi nombre que cambia a medida que el sol la va produciendo, fruto de su  interacción con el entorno. Es algo tan precioso que mentira se me figura poder contemplarlo gratis.
Los atardeceres ocurren cada día para que los disfrutemos. Están ahí sólo para eso. Para que la humanidad los contemple y los utilice de inspiración, relax, desahogo o frustración. Lo que a cada ser humano le venga en gana. Y gratis.
No entiendo como hay personas que no valoran estos dones. Supongo que no han tenido oportunidad o voluntad de apreciarlos. Una pena. Y una fortuna para aquellos seres que los aprovechan. Tan simple y completo como eso.

Buenas tardes – noches.

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lunes, 17 de marzo de 2014

Cuando Susan reconoció que tenía un problema

Cuando Susan reconoció que tenía un problema, miró a Mike a la cara, esta vez sin vergüenza, ni complejo, ni arrepentimiento. Sencillamente lo miró. Y, curiosamente, vio muchas cosas que no había visto en los últimos 3 años. Vio sus inseguridades, sus envidias, sus miserias, sus complejos, sus vergüenzas y sus arrepentimientos. Era como si, al haber quitado ella todas su cargas de su mirada, ahora pudiera ver las cargas que él arrastraba.
Y se dio cuenta de que Mike no era ningún superhombre, ni un superdotado, ni tan luchador y portentoso como ella pensaba. Vio claro y cristalino que no era ningún ídolo al que adorar. Aceptó que ni ella era tan poquita cosa, ni Mike tan grande.
Cuando Susan aceptó que tenía un problema, reconoció a muchos mikes a su alrededor que antes le habían pasado desapercibidos, así como a muchas susans a las que ahora veía desde su misma altura.

Y así, cuando Susan redujo su problema a incidencias dispersas, entendió que nunca había estado sola en su problema. Sencillamente había sido la única que lo sacó a la luz.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

¿En serio?

Dos semanas antes de Navidad estaba comiendo con, entre otros, dos compañeras de trabajo. Ambas entre los 30 y 40, con estudios, trabajos cualificados en una empresa internacional. Ambas están casadas y tienen hijos, una 3 varones y la otra un varón y una hembra.
De forma aleatoria, salió en la conversación cierta famosa cuya hija de 16 años había quedado embarazada. “Qué escándalo”, dijeron, “Menuda vergüenza”.  A su modo de ver, que una hija adolescente se quede embarazada es una tragedia con la que la familia tendrá que acarrear de por vida. Un acontecimiento que marca por siempre la vida de la chica, que le impide tener una vida normal, “que le ha jodido la vida”, en resumen.
Hasta aquí … pssss bueno, me parecía estar hablando una abuela que no ha salido del pueblo en sus 60 años de vida … me sorprendió, pero no pasó de ahí.
La conversación continuó. La compi que tiene una hija comenzó a reflexionar en voz alta. “Es verdad … cuando la niña comience a salir, me voy a preocupar mucho más por ella que por el niño. De hecho mi marido ya dice de broma ‘chica, cuidaito con traer a novios a casa eh?, pero chico, tú, puedes traer a todas las novias que quieras’. “Ahora entiendo porqué sigo soltera”, dije yo para mí. “Y es que, desde luego, no voy a tener la misma preocupación con el chico que con la chica. Al chico, como mucho … pueden darle una paliza. Las patadas se curan, pero a la chica … a la chica pueden joderle la vida.” Comentarios que mi otra compañera, la de los 3 varones, reafirmaba. “Por eso yo siempre he querido tener niños, todo es mucho más fácil”, sostenía.
Entre asombro y alucinación máxima, yo trataba de entender lo que mis compañeras estaban diciendo. ¿Que no iban a educar igual a un niño que a una niña? ¿Que la vida de una niña es mucho más difícil? ¿Que le daba igual que a un niño le rompieran la cabeza mientras que le preocupaba que una niña saliera con falda a la calle? ¿Que preferían tener un niño para no tener que preocuparse de si se queda embarazada, porque eso le jode la vida, a la susodicha y a ti como su madre? ¿Que una niña debe tener más cuidado que un niño en la vida? ¿Que un niño va libre mientras una niña tiene que limitarse? ¿En serio? ¿Dos mujeres con estudios, curtidas y crecidas en un entorno lleno de posibilidades, en una ciudad cosmopolita, a las que no les ha faltado de nada, piensan esto realmente? ¿Y creen que es lo correcto? ¿Que es la mejor manera de educar a una persona? ¿Que, con esa actitud, están creando una mujer libre, capaz, con autoestima? No daba, ni a día de hoy doy, crédito a lo que en esa conversación fui testigo.
Entiendo muchas otras cosas, sin embargo. Que esta sociedad en la que vivimos no avance un ápice. Que en el fondo las cosas sigan igual, o peor, que hace 50 años. Me pregunto si a estas dos compañeras les agradaría que su madre las tratara así. Si a la hora de encontrar un trabajo les gustaría que las miraran como una fábrica de bajas maternales en lugar de como un(a) profesional. Si levantarían la voz cuando son testigos de una violación … o si pensarían “ella lo ha provocado con ese escote”.
[modo opinión estrictamente personal=on]
En este momento paré de pensar. No es ya sólo que mis neuronas no sean capaces de procesar estos razonamientos en el siglo XXI, es que no soy capaz de aceptar que dos de mis compañeras de trabajo, una de las cuales se ha convertido en mi jefa, vea con distintos ojos a una persona según qué aparato reproductor porte, y no para beneficio de su propio género … porque eso me deriva a cómo me ve a mí …
Me parece inconcebible que alguien, voluntariamente, piense así hoy en día. Y que crea que le está haciendo bien a esas personas a las que está educando. A los varones, que crecen sin ningún sentido de la responsabilidad para con las mujeres (ellos no tienen por qué preocuparse, se curarán de la paliza en el hospital); y a las hembras, a las que colocan el cinturón de castidad en la cuna.
En fin, poniéndole un poco de humor, supongo que “tié que haber de tó en el mundo, como en botica”.

[modo opinión estrictamente personal=off]

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domingo, 24 de noviembre de 2013

Escribir.

- ¿Te gusta escribir?
- No me gusta, me encanta. Es una de esas cosas que me hacen sentir viva, que creo que se me da bien, incluso hay gente a la que le gusta como escribo, y además, que me hacen sentir bien. Si pudiera, dedicaría todo mi tiempo a escribir, sobre cualquier cosa. Con ver el vuelo sin rumbo de una mosca soy capaz de sacar unas palabras …
- Ououououou, me gustaría sentir algo así por una afición, además una tan sencilla y fácil como escribir. Sólo hace falta papel y boli, o un teclado y un ordenador. Incluso con una grabadora también puedes hacerlo. En cualquier momento y en cualquier lugar. No hay limitaciones …
- Sólo las que uno mismo se pone.

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martes, 29 de octubre de 2013

Mártoles.



Me despierto cuando todos duermen y el silencio suena. Cuando nadie repara en qué hora es, en el momento en el que eso no importa a nadie. Cada uno inmerso en sus más profundos miedos y aventuras. Liberado de toda obligación, agradecidas las personas de poder por unas horas dejar de existir.

Mientras tanto yo revivo, reivindico mi existencia doblando la ropa. Utilizo la tecnología para suplantar las horas de vida en que trapaceo a gusto. Por el momento, subsisto.

Hasta que el segundero me recuerda que yo también tengo miedos y aventuras por vivir. Que la ropa se dobla para ponérsela uno después, y que la obligación debe ser pura trapacería que disfrutar.

Feliz Mártoles.

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